El curso asignado fue el tercer año básico C. Este contaba con 39 estudiantes, de los cuales 17 eran niñas y 22 niños. El curso tenía problemas de convivencia, debido que, al volver de las clases virtuales impartidas durante la pandemia, la mayoría no poseía habilidades blandas.
La profesora jefa del curso Yessica Vargas describió a los estudiantes como poco empáticos, contó que al inicio del año no comprendían el concepto de ponerse en el lugar del otro, por lo que se generaban conflictos. Por otra parte, los apoderados de los estudiantes variaban enormemente, entre comprometidos con la asistencia de los estudiantes a las clases, a un desinterés por este tema.
Los estudiantes por lo general estaban motivados a aprender, pero en asignaturas específicas como Lenguaje y comunicación o Religión manifestaban no querer trabajar.
Sobre el Marco de la Buena Enseñanza, en general los docentes cumplían con el dominio A y B, ya que se preocupaban de que el ambiente para las clases fuera adecuado y retroalimentaban siempre a los estudiantes. Sin embargo, los dominios C y D no se observaban regularmente debido a la complejidad de atender las diferencias individuales de cada estudiante, pero en el aula se encontraba una psicopedagoga que asistía a los docentes de Lenguaje y comunicación, y Matemática.
Pude observar que algunos docentes no se sentían capacitados para atender las individualidades, específicamente, de estudiantes con diagnostico TEA, y por lo general me otorgaban a mi esa tarea.

